
De las miles de veces que he despertado a lo largo de mi vida, nunca lo había hecho con esta sensación: ¿se estará acabando el mundo o es sólo una percepción pasajera?
Vayamos repasando los indicadores del Armagedón: Ya hay más de cuatro millones de parados en España, y la cifra no parece que vaya a bajar en mucho tiempo. La gripe porcina se extiende desde México al resto del mundo. El Madrid, jugando tan mal, está a sólo cuatro puntos del Barça, que es al fútbol lo que García Márquez a la literatura. El parlamento vasco lo va a presidir una defensora del Opus Dei. Los obispos siguen empeñados en meterse en asuntos que no son suyos. El cambio climático ha dejado de ser una hipótesis para ser un hecho constatado. Y, para rematarla, los cadáveres putrefactos resucitan. No hay más que recordar el protagonismo mediático de José María Ánsar estos últimos días. ¿Entendéis ahora mi preocupación?
Para contrarrestar todo este mal rollo, sólo se me ocurre una cosa. Parafrasear una canción de Sinistro Total.
Pueblos del mundo, ¡extinguíos!
dejad que continúe la evolución
esterilizad a vuestros hijos
juntos de la mano, hacia la extinción.